viernes, 25 de enero de 2008

Una crisis lenta, dolorosa, muy cara y con final incierto

CIUDAD DE BUENOS AIRES ( edición i). Mientras los políticos de medio mundo se esfuerzan por ser cautelosos al extremo, en los círculos económicos, bursátiles y financieros se comienza a reconocer que la situación que se desató hace seis meses en los Estados Unidos todavía no llegó al punto máximo de desarrollo.

A decir verdad, en la historia económica mundial, hay poca experiencia en crisis hipotecarias como la actual. Por un lado, el sistema de securitización de carteras aseguradas capilarizó el impacto de la crisis hacia actores que nunca habían sido afectados hasta ahora por este tipo de problemas.

Por el otro, lo que comenzó siendo un problema de personas que no podían pagar una alta cuota de un crédito hipotecario se han convertido en una crisis de solvencia que se extiende a bancos, aseguradoras, administradoras de carteras de inversión y fondos de inversiones y se encamina a transformarse en una recesión.

El sistema de securitización ideado por el operador del Deutsche Bank, Greg Lippmann, que en 2005 tenía 36 años, tenía como meta “crear” un mercado de crédito hipotecario de US$ 12 billones. Sin embargo, ha penetrado y perforado todo el sistema financiero mundial y no deja de generar efectos secundarios impensados e inesperados.

Junto con Lippmann estaba Rajiv Kamilla, un indio de 34 años con formación en temas nucleares, operador de Goldman Sachs; y Todd Kushman, de 32 años, de Bear Stearns; además de representantes del Citigroup y el JP Morgan Chase. En total eran casi 50 operadores y abogados que concurrieron a la primera reunión en las oficinas de Deutsche Bank en Nueva York para definir las reglas de trading y el diseño del nuevo producto financiero.

Según cuenta la agencia Bloomberg, el menú del encuentro, que se realizó una fría noche de febrero de 2005, fue comida china que pago el Deutsche Bank. Sin duda, la cena más cara desde que los mercados financieros están globalizados (1987).

Al día de hoy, la Reserva Federal bajó su tasa de referencia cuatro veces desde agosto (se espera que lo vuelva a hacer el lunes), y lleva inyectados en el mercado financiero cerca de US$ 2 billones en seis meses, además de autorizar un fondo de compra de carteras privado por US$ 45.000 millones y capitalizaciones bancarias de emergencia por otros US$ 50.000 millones.

Por su parte, el Banco Central Europeo inyectó en agosto en el mercado financiero cerca de € 220.000 millones y, el martes pasado, la entidad adjudicó € 175.500 millones en una operación en la que participaron 276 bancos comerciales de la zona del euro, que pidieron € 234.630 millones en total.

El dinero movilizado hasta ahora por la Reserva Federal y el Banco Central Europeo en sus respectivos sistemas financieros es mayor que el inyectado en los mercados el 11 de septiembre de 2001 (cuando fueron destruidas las Torres Gemelas) y en días sucesivos.

Con estás cifras a la vista, ¿es lógico que la Casa Rosada diga que “la Argentina está blindada” a la crisis?

Las reuniones en Nueva York para crear el sistema de créditos hipotecarios securitizados obligó a realizar reuniones mensuales, de tres horas, a partir de las cinco de la tarde. Para junio 2005, las diferencias técnicas y legales se habían sorteado y se había consensuado un nuevo contrato financiero. Los bancos que no habían sido originariamente de la partida habían firmado. Wall Street se preparaba para una fiesta....

El sistema creado –un banco pequeño o mediano hace una hipoteca y se la deriva a un banco de inversión, se asegura la hipoteca, se arma un bono y se coloca entre inversores institucionales, fondos de inversión o se mantiene en cartera- extendió la “capilarización” del efecto.

Por eso los primeros en caer fueron los fondos de inversión (sólo en España fueron 13 con activos por € 1.000 millones), pero desde hace una semana son los bancos de inversión como Merrill Lynch.

Pero los efectos no se licuan. Ahora se teme por la llamadas aseguradoras “monolites”, empresas que garantizan miles de millones de dólares en hipotecas, pero que carecen de capital para cumplir con las exigencias financieras que genera el aumento de los créditos impagos.

Según estimaciones de bancos de inversión de Wall Street, por cada punto porcentual (1%) que bajan de precio los bonos de hipotecas securitizadas, caer su valor real en casi US$ 10.000 millones, lo que evapora las valuaciones de los activos en cartera.

En estos momentos, los gobiernos están demasiados preocupados en ver el impacto en el mercado bursátil, financiero y bancario. Sin embargo, el golpe sobre la sociedad puede ser inmenso: se estima que durante los próximos dos años podrían dejar de pagarse dos millones de préstamos hipotecarios sólo en los Estados Unidos. El mayor impacto lo sentirán los propietarios de viviendas que será desalojados de su hogar.

En la segunda mitad del 2006 se produjo el mayor nivel de créditos impagos de los últimos 40 años en los Estados Unidos y hubo más de 400.000 embargos. Las cifras de 2007 todavía no se conocen pero podrían haber superado otro millón de embargados.

En la actualidad, existe una oferta de casi 3,75 millones de inmuebles en los Estados Unidos. Si se suman 1 millón de unidades más (fruto de ventas judiciales), el valor de los activos podría caer más de 40% estiman especialista conservadores.

Hace una semana se anunció que el nivel de compra de viviendas con hipotecas securitizadas en los Estados Unidos fue el más bajo en 30 meses y que los permisos para construir nuevos inmuebles en diciembre pasado fue el más bajo en 16 años.

En los últimos años, Estados Unidos había vivido una era de euforia del crédito en la que personas con pocos recursos obtenían sin problemas hipotecas por el 95% del valor de la vivienda. Era el grueso de la demanda que mantenía activo al mercado inmobiliario.

Ese grupo está desapareciendo como comprador potencial. En su mayoría, eran negros e hispanos. Quizás por eso, las elecciones primarias en los Estados Unidos tiene a dos demócratas como principales protagonistas y a los grupos negros e hispánicos como los más activos a la hora de votar.

Analistas de Wall Street estiman que el 55% de los hipotecados subprime y el 15% de los solventes ya no podrán conseguir financiación para comprar una casa nueva, lo que provocará una caída del 25% en la demanda inmobiliaria. Por su parte, los inversores especulativos, que representan el 20% del mercado (contra una media histórica del 5%) podría dejar de intervenir en este segmento de negocios.

Así, sumando todos los rubros, se calcula que casi 60% de la demanda se “evaporará”. Por eso las cifras de diciembre no están ni cerca de ser las peores que veremos en el sector inmobiliario en los Estados Unidos.

El banco de inversión Crédit Suisse sostuvo que las hipotecas impagas sumarían US$ 500.000 millones y se producirían 1,1 millones de embargos en los próximos seis años. Por eso George Bush pensó en un plan de reintegro impositivo de US$ 145.000 millones, el impacto en el consumo todavía no se ha comenzado a sentir en los Estados Unidos.

Sin embargo, las proyecciones de los efectos de la crisis, hasta ahora, todas han sido equivocadas. A fines de noviembre, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) estimó que el costo se ubicaría entre US$ 200.000 millones y US$ 300.000 millones. Pero entre Europa y los Estados Unidos han inyectado 2,6 billones de dólares al mercado financiero y el final de la crisis está lejana.

En su informe semestral sobre los mercados financieros, la OCDE proyectaba la pérdida del 14% de los préstamos de riesgo en 2008, con un costo de US$ 125.000 millones en este año. Hoy, todas las cifras suenan bajas, incluso, ridículas.

La crisis actual, junto con las ocurridas en 1987 (Martes Negro en Wall Street, donde se pierden US$ 500.000 millones de capitalización bursátil en una rueda), la de 1998 (el Efecto Dragón) y el estallido de la burbuja de Internet (2001) presentan en común que, previamente, se vivieron periodos largos de bonanza económica lo que condujo a la euforia de los inversores y una relajación de los mecanismos de control.

Sin embargo, son crisis diferentes. La de 1987 fue fruto de la primer interconexión de los sistema de compra-venta de acciones automáticos de las acciones en Wall Street; en 1998, fue efecto de una apuesta financiera a monedas devaluadas, que derribó economía ya debilitadas; y en 2001, hubo una verdadera irracionalidad en las consideraciones de mercado sobre las empresas de Internet.

Las dos experiencias previas de crisis hipotecarias modernas generan muchas dudas sobre el futuro. En 1982 se produjo en los Estados Unidos la llamada “Crisis de las Savings & Aloans” (S&L o Bancos de Ahorro y Préstamo) que obligaron a la Reserva Federal a afrontar pérdidas por US$ 200.000 millones y a cerrar 5.000 de estas casas de crédito hipotecario, en un solo estado (Texas), en un fin de semana.

Las S&L recibían depósitos y daban préstamos a 30 años. Casi 90% de sus activos eran hipotecas. Una combinación de suba de tasa y caída en la demanda llevó a la quiebra de miles de bancos, la mayoría, monocasas sin grandes accionistas que aportaran capitales. Hoy, el mundo financiero recurre a fondos de inversión soberanos, odiados hasta hace seis meses por las cancillería de Estados Unidos y Europa.

Hacia 1984 se estimaba que el costo de la quiebra de las S&L (entre las que se incluía Withewater, que había tenido como director a Geogre Bush padre, por entonces, vicepresidente de los Estados Unidos) sería de hasta US$ 350.000 millones hasta el 2015. Sin embargo, cálculos actuales aseguran ya que llegó a devorarse 2 puntos del PBI estadounidense.

Otro caso es la crisis hipotecaria de 1992 en Japón que, según las primeras estimaciones, tuvo un costo de 350.000 millones de dólares, obligó a decenas de bancos a fusionarse y colocó al yen en una posición de “moneda debilitada” para Asia, que fue reemplazada por el dólar en pocas semanas por la mayoría de los países de la región.

Las “jusen” (casa de crédito hipotecario) fueron arrasadas del mercado y obligaron al Bank of Japan a garantizar los depósitos de los clientes. Tanta fue la fiebre del ahorro y la liquidez inyectada en el mercado que, durante años, la tasa de interés anual para una colocación financiera era del 0,5% anual, tanto para empresas como para individuos y el índice Nikkei tardó 6 años superar niveles previos a la deblacle.

En todas las crisis mundiales desde 1825, pocos países han podido evitar el impacto en sus niveles de vida social o de producción. Pese a que no había globalización, la crisis de 1929 se sintió en la Argentina entre 1930 y 1932, cuando el PBI local cayó un fenomenal 15 por ciento.

Asegurar que la Argentina esta blindada es desconocer la dimensión de la crisis hipotecaria actual, sus vasos comunicantes y su duración potencial. En pocas palabras, es un signo de ignorancia.

En septiembre pasado, el entonces ministro de Economía, Miguel Peirano, se ufanaba de que la Argentina había podido superar la crisis sin efectos en la macroeconomía. A decir verdad, la crisis ha durado más que Peirano en su cargo.

En diciembre, el actual Presidente del Banco Central, Martín Redrado, sostuvo durante la presentación del Programa Monetario 2008 que “las turbulencias financieras internacionales han sido una oportunidad única para comprobar, en acción, la capacidad de respuesta (de la política monetaria de la entidad) bajo situaciones de tensión. Puedo decir que la prueba fue superada con creces, corroborando lo acertado de haber implementado en estos últimos años”. Esperemos, por bien nuestro, que no le ocurra a Redrado lo mismo que a Peirano.

Los héroes de ayer hoy son fantasmas. Tanto fue el éxito que logró Greg Lippmann en Nueva York que el 12 de junio de 2006, el Deustche Bank lo designó Global Head of Asset-Backed Securities (ABS) Trading and Syndicate. Su nombre ya no figura en los sitios del Deutsche Bank Group.

Quizás Néstor y Cristina Kirchner deberían aprender de la historia. En 1825, los problemas políticos internos argentinos hicieron caer a la Baring Brothers. Por algunas semanas, Gran Bretaña trastabilló. Jamás pensaron en Londres que un país lejano, pobre y menor a la escala mundia de esa época podría socavar la fortaleza del Imperio Británico. Un hecho lejano, impensado, sorpresivo, quizás pone en juego el futuro los planes de perpetuidad que tiene el matrimonio presidencial.

A Carlos Saúl Menem, el Efecto Tequila le costó dos años de recesión, el cierre de seis bancos en un fin de semana largo, la extranjerización de la banca y la génesis de la recesión de 1998. Incluso, algunos aseguran que la caída de la convertibilidad comenzó con el default mexicano.

La dicho, el matrimonio Kirchner deberían leer mas historia y aprender que si en el mundo están preocupados, es para preocuparse. Si George Soros dice que esta es la peor crisis desde la 2da. Guerra Mundial, quizás conoce algo que la Casa Rosada ignora. El triunfalismo, siempre lleva a errores garrafales.

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