Analista invitado - Finanzas.com
17/04/2008 (10:30h.)
Las perspectivas a corto y medio plazo son muy negativas. Los mercados de crédito continúan en buena medida congelados, evidenciando la ineficacia de las medidas adoptadas hasta el momento por los bancos centrales. Lo que parecía una simple crisis financiera está llegando a la economía real con aumentos del paro y quiebras.
Según la OCE, la crisis será más larga y más intensa que las correcciones de las últimas décadas. El impago de los préstamos hipotecarios está lejos de solucionarse y la situación avanza hacia el incipiente impago de créditos empresariales y de consumo que, inevitablemente, aumentará conforme avance la crisis económica internacional.
1. La situación en EEUU
La Reserva Federal de EEUU (Fed) ha intensificado su estrategia de expansión de crédito a través de masivas inyecciones de liquidez y sucesivas rebajas de tipos de interés. Tales medidas sólo intentan proporcionar liquidez de manera coactiva para solucionar presiones a muy corto plazo, con la consecuencia de monetizar mala deuda, envilecer la moneda y generar inflación de precios, tal y como ha venido sucediendo.
Hay un error de diagnóstico: no es una crisis de liquidez sino, especialmente, de solvencia. Conforme los activos de baja calidad de los bancos comerciales vayan resultando impagados, la Fed perderá la habilidad de expandir el crédito, a menos que pretenda nacionalizar la mala deuda consolidándola en su propio balance. Algo totalmente indeseable, según los expertos del Observatorio ya que si la Fed nacionaliza la mala deuda de los bancos podría verse desprovista de todos sus activos y el billete verde sería repudiado como reserva de valor, dando lugar a hiperinflación y a una redistribución de las pérdidas de capital desde los deudores a los ahorradores.
El Banco Central Europeo (BCE) también ha aumentado el crédito contra activos de mala calidad, por lo que el euro se envilecerá (no necesariamente con respecto al dólar, sino a los activos más líquidos como las materias primas o la deuda pública).
La rebaja de tipos en EEUU no ha surtido efecto porque la insolvencia de los bancos les impide prestarse entre sí o al público. Esta política ha generado un envilecimiento del dólar y, como consecuencia, una elevación de los costes de las principales materias primas y una reducción de los beneficios de las empresas americanas.
De este modo, el riesgo de insolvencia amenaza con trasladarse desde los deudores hipotecarios a la deuda empresarial estadounidense. Tal situación empeoraría aun más la calidad de los activos de los bancos y, en última instancia, repercutiría en nuevos aumentos del LIBOR (interbancario). Además, la deflación inmobiliaria que sufre EEUU no ha hecho más que empezar: la ejecución de hipotecas subprime es sólo la primera parte de un ciclo de ejecuciones que seguirá en de 2009 con la revisión al alza de los tipos de interés de las hipotecas alt-A, y en 2010 con la de las option ARM.
El OCE afirma que en EEUU existen diversas burbujas de activos que pueden explotar en cualquier momento. La acumulación de deuda afecta a distintos frentes: las hipotecas (subprime, alt-A, option ARM, prime y comercial), la deuda al consumo, la deuda empresarial (en forma de bonos especulativos), así como la propia deuda pública.
A estas burbujas hay que añadir la influencia que en la contracción crediticia podrían jugar los mercados de derivados y, de forma más inmediata, los credit default swaps, cuyo volumen se ha multiplicado por ocho en tres años. Buena parte de estos CDS han sido emitidos por las agencias monoline, por lo que la inevitable degradación de su rating conllevará un hundimiento del valor de los CDS y, por consiguiente, de los activos bancarios, quienes se verán obligados a restringir aun más el crédito.
2. Panorama internacional
La contracción crediticia en EEUU afectará al resto de países del mundo, por mucho que algunas voces pronostiquen un desacople en el crecimiento internacional.
Además, la actual crisis no ha sido causada exclusivamente por los EEUU. Su origen radica en una serie de malas prácticas bancarias, alentadas por los bancos centrales y el dinero fiduciario de curso forzoso, que también han tenido lugar en Europa y en especial, en España, cuyas cédulas hipotecarias también se verán afectadas debido al estallido de la burbuja inmobiliaria.
Las economías emergentes serán incapaces de tomar el relevo en el liderazgo mundial de crecimiento, ya que su expansión depende de las exportaciones de bienes de consumo (China e India) o de materias primas (Iberoamerica) a Occidente. Una contracción crediticia en EEUU y Europa provocaría una caída del consumo y la inversión que se dejaría sentir en la demanda y en los precios de esos productos.
3. Perspectivas y conclusiones
El Observatorio considera muy probable un escenario de deflación con inflación, al mismo tiempo. Es decir, un impago masivo de deudas y envilecimiento de la moneda, que se traducirá en una mayor contracción del crédito e incremento de los precios, especialmente, de las materias primas y otros activos líquidos como el oro.
Dicho de otro modo, mientras determinados deudores impaguen sus deudas, otros afrontarán una elevación de costes por encima del aumento de sus rentas, lo que los arrastrará hacia el impago de sus propias deudas.
No obstante, no cabe desechar por entero un escenario típicamente deflacionista ni uno hiperinflacionista. En el primer caso, los impagos de deuda serían tan importantes que las pérdidas de los acreedores disminuirían tanto su demanda como para provocar una caída de precios a pesar del envilecimiento de la moneda. En el segundo, la pérdida de calidad del dinero instada por los provocaría su repudio generalizado.
Tal y como adelantó el anterior boletín, la crisis es inevitable, ya que supone liquidar todas las malas inversiones que se han realizado durante los últimos años. Sin embargo, ciertas medidas sí pueden facilitar el reajuste y evitar que la crisis sea más grave y prolongada de lo necesario. Estas propuestas son, en esencia, tres: reducir el tamaño del Estado, flexibilizar los mercados de factores productivos y regresar al patrón monetario oro con las reservas actuales de los bancos centrales.
Con la primera, el Estado libera recursos que se destinan a repagar la deuda y financiar parte del exceso de inversión anterior; con la segunda, los cambios en la estructura productiva son más rápidos y menos costosos; con la tercera, la moneda detiene su proceso de envilecimiento, de modo que pasa a ser demandada como depósito de valor con cargo a los ahorros extranjeros (entrada de capitales).
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